En este apartado analizaremos con más detenimiento el proyecto expositivo
de la muestra denominada Fauxtographies,
del fotógrafo David Trullo, con motivo de la XIV edición de la Bienal
Internacional de Fotografía de Córdoba, desde el 13 de marzo al 17 de mayo del
2015. El espectador podrá acercarse a las piezas en la Escuela Artes y Oficios
Mateo Inurria.
Comenzando con el análisis del espacio, hemos de tener en cuenta que la
sala de exposiciones se inserta dentro de la Escuela de Artes y Oficios Mateo
Inurria, como hemos comentado anteriormente, que de igual manera es una
institución creada en el siglo XIX y trasladada posteriormente a su ubicación
actual en 1965, el anterior Palacio del Duque de Hornachuelos. Es decir, en
cuanto a la museografía hemos de decir que contamos con un espacio
preestablecido que además, por su carácter histórico y artístico no aceptaría
posibles alteraciones, ya que se encuentra protegido por la ley para conservar
de la mejor manera posible su carácter histórico. Ello nos lleva a tener que
replantearnos muchos elementos en cuanto a la museografía, ya que en dicho
espacio se deben crear una serie de elementos museográficos que beneficien de
igual manera al buen estado del edificio, así como de la correcta exposición en
la obra. En el presente caso, como veremos más adelante, no se ha conseguido de
manera correcta.
Adentrándonos más profundamente en la obra de David Trullo, podemos
afirmar que es una auténtica disertación sobre la mentira, a través de la cual,
falsea y trastoca la realidad a la manera surrealista, a través de la
manipulación de la fotografía digital. De esta manera, obtiene resultados no
libres de ironía y sátira, que asombran a simple vista por su sencillez y
cotidianidad, pero que enmarañan todos nuestros esquemas mentales
preestablecidos, rompiendo con la creencia de que la fotografía es un medio de
representación de la veracidad.
De esta manera, David Trullo crea fábulas visuales a través de la
elección de personajes y hechos históricos de gran relevancia, para disociar
entre ellos el tiempo y el espacio, contando los sucesos de una manera
totalmente novedosa, apropiándose de la imagen
y la historia y creando nuevas fotografías dignas de ser tratadas como
meros símbolos meritorios de ser estudiados a través de la iconografía.
Adentrándonos de lleno en los aspectos más técnicos de la exposición,
podemos afirmar sin ningún reparo que la visualización de las obras de arte se
ve en gran medida empobrecida debido a los acabados museográficos. Tal es así
que el espectador, una vez está delante de la obra, se encuentra alterado por
la visión de numerosas piezas fotográficas que, de manera desordenada, también
perturban la buena percepción de la obra y, por consiguiente, su buena
percepción.
El primer problema que encontramos es, precisamente la ubicación de la exposición, ya que se
encuentra en una sala rectangular en la que los medios expositivos brillan por
su ausencia, de tal manera que las imágenes se encuentran dispersas por todo el
muro sin ningún orden o lógica
visual. De igual manera, encontramos
además mobiliario y otros enseres que deben ser de propiedad de la escuela y
que, a modo de trastero o almacén, han llegado a ser olvidados en dicha sala,
compartiendo lugar con las obras de arte. En este sentido, podemos afirmar sin
ningún tipo de reparo que la visibilidad
de las piezas se ve en gran medida alterada por, por un lado la ordenación de
las piezas, que no respetan la altura visual óptima del espectador; y, por
otro, porque el espectador, al entrar en la sala no se encuentra liberado y
cómodo, sino más bien agobiado por un espacio en el que fotografías y
mobiliario conviven de manera totalmente nefasta.
Por otro lado, podemos contar con un
aspecto positivo que es la existencia del catálogo de la exposición, así como
de la hoja de sala a la entrada de la misma, hecho que facilita en gran medida
la comprensión de la obra de arte, así como el conocimiento del propio artista,
lográndose en ese sentido, una buena difusión de la información previa al
encuentro con la obra.
Hemos de tener en cuenta, de igual
manera, que la iluminación no es
para nada favorable, ya que la extrema claridad de la luz altera en gran medida
la visualización de las piezas y se ve reflejada en el cristal del marco en el
que se encuentran. Ello ocasiona que el espectador no pueda dejar su mirada
fija en las obras, sino que intente mediante movimientos, poder captar algo de
la misma. Esta iluminación está conseguida mediante una luz fija en el techo de
la sala, preexistente a la propia concepción de dicho espacio como lugar
expositivo, por lo que no está adaptado a las necesidades museográficas que
requiere un espacio de dichas características.
De igual manera, la climatización y seguridad es la propia de la Escuela, por lo que de nuevo nos
encontramos ante la imposibilidad de entender este espacio como un lugar
expositivo y podemos afirmar, sin ningún tipo de dudas, que deja mucho que
desear en cuanto a la facilitación de la comunicación de la obra con el
espectador.

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