En el presente apartado
analizaremos las condiciones museográficas que giran en torno al nuevo trabajo
del fotógrafo Dionisio González, que expone en Córdoba con razón de la
celebración de la XIV edición de la Bienal Internacional de Fotografía de la
ciudad. Esta muestra, denominada Non-Plan:
An Experiment in Freedoom, se encuentra expuesta en la Casa Góngora desde
el 13 de marzo al 17 de mayo del presente año.
Esta sala expositiva se
encuentra precisamente en la calle Cabezas, justo en el centro histórico
cordobés. Situada en una casa patio construida inicialmente en el siglo XVII,
este centro es gestionado actualmente por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento
de Córdoba. A pesar de contar con dos plantas, para la actual exposición sólo
se ha utilizado la parte inferior, que se compone de una serie de salas que se
encuentran alrededor del eje central conformado por un patio porticado. Esta
sede es conocida precisamente por albergar actividades culturales como pueden
ser lecturas poéticas o incluso otras exposiciones como la de 60 Años de Arte Contemporáneo en Córdoba.
De esta manera,
comenzando con la obra de Dionisio González, así como su integración en la
propia sede, podemos apuntar que ha realizado el presente trabajo mediante la
unión de dos de sus proyectos anteriores, denominados Inter-Acciones y Trans-Acciones,
mediante los cuales realiza un discurso basado en la creación de arquitecturas
a través de técnicas digitales, por las que nos viene a la mente el
cuestionamiento de la fotografía como copia directa de la realidad. Con ello,
pues, crea una sarta de espacios no existentes, muy evocadores de una
arquitectura futurista, propia de una ciudad utópica, en la que los cánones
arquitectónicos se rompen para dar paso a verdaderas viviendas inventadas,
imposibles. Se nos muestra, por tanto, la experimentación desde la libertad
creativa que nos otorga la fotografía digital, en la que no se encuentran las
complicaciones tradicionales arquitectónicas.
En estos enclaves
conviven la más absoluta soledad, vista desde el espacio natural que rodea la
arquitectura; y el caos urbanístico representado por dichas construcciones,
verdaderas moradas futuristas, conectadas con el suelo sólo a través de
soportes mínimos. Ambas intentan adaptarse, convivir y fusionarse, dando como
resultado una imagen que puede resultarnos, en un primer momento, impactante.
El diseño se mezcla con la libertad constructiva, el ingenio, la fantasía
alejada del pragmatismo real, llevando a Dionisio González, a la creación de un
arte basado en la experimentación espacial, ya iniciada por el mismo artista en
la serie Favelas, llevada a cabo entre el 2004 y el 2007.
De este espacio expositivo
podemos hablar de una utilización de los espacios que conforman la galería para
hacer una diferenciación, tanto teórica como espacial de sus obras, por lo que
inicialmente comenzamos observando una primera sala en la que observamos la
serie Inter-Acciones y una segunda
sala en la que se desarrolla la segunda parte de la exposición, la serie Trans-Acciones. La diferencia entre una
serie y otra radica principalmente en la técnica de la propia fotografía, ya
que una se muestra a color y la otra en blanco y negro, queriendo de tal manera
aludir a un mundo más onírico y a otro más real.
En la presente exposición, pues, el
espectador puede acceder a la visualización
de la obra de una manera clara, porque en ambas salas se respeta que las piezas
estén a una altura adecuada para los ojos del espectador, de manera que la
percepción se pueda llevar a buen término en el mismo y la comunicación entre
obra y espectador sea fluida. De igual manera, la separación de las obras
aporta al espectador serenidad y orden, muy importante para que el movimiento
del visitante sea fluido y espontáneo y no se altere de ninguna madera su
percepción.
Por otro lado, comenzando con los
aspectos más técnicos, podemos decir que la iluminación se consigue mediante apliques que focalizan la luz en
la obra. Estas lámparas están colocadas en raíles, lo que le permite al
museógrafo cambiar fácilmente la disposición de la iluminación según su propio
interés a la hora de exponer las obras. Dicha iluminación no dificulta de ninguna
manera la visualización de la obra, con lo cual el espectador no se ve
sorprendido por brillos o luces que interrumpan su visión.
De igual manera, la seguridad se encuentra perfectamente
solventada, ya que en la recepción de la Casa Góngora, se encuentra un guardia
de seguridad que, por un lado, otorga al visitante una hoja de sala, además de
un catálogo de las piezas, cumpliendo perfectamente con la parte más didáctica
de la exposición y, por otro, cumple como hemos dicho la función de proteger a
la obra de arte de cualquier incidente que pueda ser ocasionado.
Las salas cuentan de igual modo con
respiraderos por donde entra la ventilación, provocando igualmente una buena
conservación de la obra de arte mediante una correcta climatización del entorno.

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