Si pudiéramos establecer una
definición de Historia del arte, deberíamos considerar que es una materia que
se encarga de estudiar la producción artística durante todas las etapas
históricas, profundizando en el contexto filosófico, político, social y
cultural en el que se desenvuelven los
artistas y sus creaciones. El historiador del arte, ha sido por lo tanto, un personaje privilegiado dentro del panorama
social, conocedor de los artistas y los mecenas, encargado de conservar las
obras e incluso restaurarlas; Algunos, como Vasari, llegaron incluso a
participar de la noble actividad que es la creación artística.
Los historiadores del arte siempre se
han preocupado por la conservación de dichas
obras, hecho que motivó la creación de los primeros museos. No obstante,
con la instauración de dichos espacios para la conservación de las obras, surge
un estudio sobre las condiciones y metodologías para la salvaguarda de las
mismas, según sus características y tipologías. Nace, por tanto, la Museografía,
así como el primer tratado que versa sobre la misma, la Musepraphia de Friedrich Neickel de 1727.
La museografía existe, como podemos
ver, desde inicios del siglo XVIII,
aparecida en el seno de la Ilustración, del conocimiento y las revueltas
sociales, cuyo principal objetivo sería llevar a cabo la democratización del
arte, acercando la cultura al público a través de la creación de espacios donde
los espectadores- inicialmente la burguesía y más tarde el proletariado-,
pudieran recrearse en las obras, educarse, elevar su nivel de conocimiento a un
nivel mucho más ilustrado. Es por ello que el historiador del arte ha
necesitado de otros medios para la aclaración y organización de dichas obras,
convirtiendo las Cámaras de las Maravillas medievales, en verdaderos centros
con un discurso expositivo conciso, creado para su entendimiento. Por lo que
tras el nacimiento del Museo, vino su organización interna, así como la
utilización de otros medios necesarios de enseñanza como puede ser la creación
de catálogos, inventarios, críticas de arte, panfletos informativos, cartelas,
etc., que en un principio fueron elaborados para expertos, siendo adaptado más
tarde a un lenguaje didáctico para todos los públicos.
La manera de exponer dichas obras es lo que diferencia
un museo del siglo XVIII, como La Isla de los Museos de Berlín, en la que prima
una museografía basada principalmente en contexto romántico del ochocientos;
Uno del siglo XX, de los que podemos encontrar ejemplos tan revolucionarios en
cuanto a museografía como el Centro Nacional Georges Pompidou de 1977, hijo de
las teorías de George H. Rivière e introductor de lo que se conoce como la
Nueva Museología; Y uno del siglo XXI, donde además de todo ello, se ha de
tener en cuenta otra serie de cuestiones como la participación del espectador
en el mismo, así como la introducción de nuevos medios como son las Redes
Sociales, favorables para la difusión, o las creaciones que han traído consigo
las tecnologías, como son las instalaciones, que requieren de una acogida
especial en la sala. En definitiva, encontramos a lo largo de la historia
diferentes demandas culturales en la sociedad que los museógrafos han debido
solventar al interno del espacio expositivo.
Podríamos entrar aquí en otro debate,
en cómo la Museología y la Museografía confluyen en discusiones sobre el
objetivo de sus estudios, sus metodologías y sistemas. No obstante, en el
presente trabajo sería improcedente detenerse en ello, por lo que nos
quedaremos con una museografía que es la encargada de adecuar el discurso
expositivo de un museo a las exigencias
de la sociedad actual, de su aprendizaje, así como de la conservación de las
piezas. Es, por lo tanto, objeto de la Museografía tener en cuenta tanto los
elementos de seguridad y como la didáctica del museo, que cambiará según la
tipología y el origen de la colección, el continente de la misma, etc.
Con ello, podríamos comenzar a
establecer las bases del presente trabajo, que no son otras que analizar de
forma crítica las exposiciones que se realizan en las galerías y centros de
exposiciones de la ciudad de Córdoba durante el año 2015, teniendo en cuenta
las visiones opuestas del curador, museógrafo, comitente, etc., y el
espectador. Siendo verdaderamente importante el resultado final de las
exposiciones, que es siempre la recreación estética y el conocimiento. Mi aportación a este trabajo sería el análisis y
la mejora de las instalaciones, la contribución con alguna idea o proyecto que lleve al mejor entendimiento
de las piezas y procure, sobre todo, que se lleve a cabo ese juego del arte,
del que los estudiosos nos encargamos de incentivar en el espectador. Hagamos,
pues, juego del arte; hagamos museografía.































